Curiosamente, a pesar del título de esta entrada, lo que he abandonado es la brecha del invocador. Ya solo la disfruto como espectador. Está bien contemplar a personas con verdadero talento hacer su magia en el League of Legends.

Con respecto a la lectura/escritura, la cosa está volviendo poco a poco a la normalidad. Aunque a un ritmo más tranquilo, me enorgullece poder decir que he ido sacando adelante las cosas.

Al fin junté las fuerzas para vencer la pereza que me daba retomar a Sanderson y acabarme la trilogía de Mistborn. Me alegro, porque la verdad es que cada libro es mejor que el anterior.

Como ya sabéis, abordé y complete el pequeño proyecto de remodelación de Dilmun. En efecto, Dilmun 2.0 ya ha sustituido al original en Amazon.

Ahora mismo estoy enfrascado en la lectura de Relatos Aéreos, un regalito de Gabriella Campbell, que está siendo toda una sorpresa y muy agradable.

Y cómo no, mi idea de que el mini-proyecto me ayudara a retomar ritmo en la escritura de CdU4 ha surtido efecto. El manuscrito inicial está ya al 50%. ¡Genial!

También tengo otros proyectos por ahí, en las sombras, esperando el momento adecuado para mostrarse al mundo. Pero no adelantemos acontecimientos 😝.

Y por cierto, este fin de semana, mi gran amigo Pascual Martínez ha sido galardonado con el 8º Premio Ateneo Riojano en narrativa con su libro La patria de los suicidas, de la cual podéis encontrar mi reseña aquí. Si os gusta la novela negra, no dejéis de leerlo 😉.

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